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miércoles, 16 de noviembre de 2011

Los niños, entre la TV y los juegos electrónicos


"No podemos privar a nuestros niños de disfrutar de la tecnología en un mundo cada vez más tecnológico, pero esto no significa que nos quedemos tranquilos porque nuestro hijo está en la compu o viendo tele. porque los creadores de programas y juegos para niños no siempre respetan su sensibilidad, su integridad"



Graciela Virginia Savickas (San Luis)

Se observa entre los niños de estas últimas generaciones un cambio brusco con respecto a las anteriores: es mucho menos frecuente verlos disfrutar de los acostumbrados juegos infantiles cambiando el tiempo que le dedicarían a ellos, por tiempo sentados frente a la pantalla del televisor o la computadora.
Son llamativos también otros cambios como la disminución de la creatividad, y la voluntad de hacer, entre otras. Como también se ve a veces una cierta dificultad de insertarse en la realidad que nos rodea diariamente. Sin embargo, (y esto nos llena de admiración), nos sorprenden con habilidades tecnológicas que a menudo, si no estamos debidamente preparados, nos superan.

Aunque estas características parezcan  muy  disímiles son todas parte de una sola situación.
Al entregarse nuestros infantes a la fascinación de los dibujitos animados, toman fácilmente una actitud pasiva, receptora, dejando en segundo lugar su voluntad de hacer. No nos olvidemos que durante el juego se da un proceso  muy  rico de creación, ya que con el auxilio de la rica imaginación infantil, van formando situaciones nuevas a cada paso y hasta a veces recreando situaciones de la vida adulta.
En la pantalla no es necesario crear. Todo está dado. El universo está formado. En el caso de los jueguitos permite al niño actuar eligiendo circunstancias, pero circunstancias predeterminadas por otro. Todo esto lleva a una disminución de la gimnasia mental que estimula los procesos creativos y volitivos. No nos olvidemos que el juego es fundamental para aprender a vivir.

El niño,  y el adulto también, vive en el ambiente del cual se rodea. Es una conclusión sobreentendida. Entonces no debe parecernos raro que nuestros pequeños vivan dentro de la realidad que le brinda la pantalla, usando su lenguaje, y viendo las cosas según su perspectiva. Esto trae como consecuencia que a veces nos hagan preguntas de temas que nos parecen obvios, o comentarios que nos parecen  algo disparatados, y en casos extremos, pero no tan raros, algo de confusión entre realidad y ficción.
Como contraparte resulta lógico que posean los conocimientos  muy  desarrollados sobre la realidad que frecuentan. Y así nos sorprenden con un manejo tecnológico que nos hace decir “¡qué inteligentes!”, con orgullo. ¿Y que otra cosa podemos esperar? Son criaturas capaces. Lógico que se especialicen en el medio que frecuentan y disfrutan.

Concluyendo
No podemos dejar de tener como punto de mira que nuestros niños serán quienes manejen el mundo a partir de dos décadas más. Y estas pasan  muy  pronto. Si se han acostumbrado a vivir en un mundo va a ser difícil insertarse en otro.
Tampoco debemos privarlos del placer de disfrutar de la tecnología, en un mundo cada vez mas tecnológico.
Como siempre, vuelve a tener vigencia el antiguo refrán:”El camino del medio es el camino de oro”. Y esto significa que los adultos debemos dar a nuestros hijos el placer de la tecnología en dosis cuidadosamente medidas.
Algunos psicólogos que han investigado el tema opinan que debemos limitarlas a cuatro horas diarias. Otros son mas severos y afirman que mas de dos pone en riesgo un equilibrado desarrollo de la psiquis infantil. Sea cual fuere nos exige una actitud mas activa a los padres y no quedarnos tranquilos que nuestro hijo “está en la compu” o “está viendo tele”. Pero con esto no me refiero tan sólo al tiempo de permanencia. Los creadores de programas y juegos para niños no siempre respetan su sensibilidad, su integridad. Por tanto allí somos necesarios para cuidar que su juego o programa le dé lo que nosotros queremos que el niño reciba. Y sobre todo no permitir “que vea tele”, sino ese programa de la tele.
No nos olvidemos que los niños son joyas de incalculable valor, pero en bruto, puestas en nuestras manos. Nuestro es el deber, y sobre todo el placer, de pulirlas y transformarlas en algo extraordinario.

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